jueves, 20 de junio de 2019

Miedo a las alturas.


Te dije que tenía miedo a las alturas. “Entonces ya no podré llevarte conmigo al Séptimo Cielo”, me respondiste con cara traviesa. “Pero si hace falta bajaría contigo al Inframundo”, me disculpé yo. “Podríamos dejarlo en el término medio…”, fue tu propuesta. Y aquí estamos los dos ahora, felices en nuestra cotidiana mediocridad.

lunes, 17 de junio de 2019

Acuerdos imprescindibles.


Acordamos, muy responsables los dos, que lo nuestro duraría lo imprescindible, si acaso lo necesario. Todo sería cuestión de un momento...la vida entera.

lunes, 10 de junio de 2019

Dices que no necesitas palacios, ni joyas.


Dices que no necesitas palacios, ni joyas, ni coches de muchos caballos para estar junto a mí. Dices que mi alma es tu morada, mi amor tu mayor tesoro, y el latido de mi corazón el único galopar que quieres oír. Me lo dices al oído todas las noches, con voz de carmín y aliento a limón. Juras que nadie te ha tratado como yo. Se lo dices a mis padres, que no creen que los ojos verdes puedan ser traidores. Se lo dices a los tuyos, que están seguros de que los acastañados son firmes y verdaderos. Y se lo dices a tus amigas, mientras le prendeis fuego a nuestra relación usando como mechero mi Visa. Dejemos que se consuma lo que quiera que haya entre nosotros. Quizá de las cenizas surja algo nuevo.

lunes, 3 de junio de 2019

El Lobo Feroz era escrupuloso.


Me dijiste “cómeme” y te devoré con la misma ansia que el Lobo Feroz a Caperucita. Yo te comí a poquitos, un trocito cada día, para saborearte mejor. Te hubiera comido de pies a cabeza de haber podido. Hasta que un día me di cuenta de que no tenías cabeza. Fue entonces cuando perdí el apetito.

domingo, 2 de junio de 2019

Sobre perfumes y abandonos.


Cuando estaba en la facultad una de mis compañeras usaba un perfume tan atractivo que me enamoré locamente de ella. Era tan delicioso que terminé por perdonarle que me cayera mal, sin razón alguna,  desde el primer momento en que la vi. O quizá sí la hubiera. Era rubia y de ojos grises, tenía la estatura perfecta para bailar conmigo "I´m through with love", y además lo suficientemente inteligente para rechazarme con su indiferencia. Si estábamos en clase de Microeconomía y abría su pequeño bolso de piel marrón, el olor de su perfume hacía que el modelo IS-LM tuviera sentido, y si me prestaba un boligrafo pilot azul durante una sesión de Economía de Empresa, la programación lineal semejaba rimar como un poema escrito por Luis Alberto de Cuenca. No sé que pócima de encantamiento era aquella que usaba, que nombre tenía aquella dulce medicina de amor que me administró. Sólo sé que aun hoy. cuando ya no sé a que huelen mis recuerdos,  sigo buscando ese perfume ilusamente. Aún tengo la esperanza de encontrarlo en alguna mujer que no seas tú y preguntarle qué clase de persona sale de la vida de otra sin despedirse y la deja atada a algo tan volátil como un perfume.
Fotografía del film "La gran belleza" (Paolo Sorrentino, 2013). Véase aquí.