Nunca sabré por qué me convocaste aquella
noche. Quizá ese era el momento por ti elegido para confesarme que también me
amabas. O puede que sólo quisieras liberarme del amor que entonces te profesaba
revelándome que jamás me corresponderías. Pero eso nunca lo sabré. Porque si el
devenir de nuestras vidas se decide a veces por el valor, el silencio, o la
cobardía que arrojamos en un instante, el mío se decidió cuando no acudí a tu
llamada. Aun hoy maldigo el momento en que no oí el SMS que me enviaste. Tal vez
sólo buscarás la compañía de un amigo, pero hoy, liberado ya de la prisión de
tu hechizo, sigo fabulando con la ilusión de la oportunidad perdida.
Fotografía de atribución desconocida.