domingo, 2 de junio de 2019

Sobre perfumes y abandonos.


Cuando estaba en la facultad una de mis compañeras usaba un perfume tan atractivo que me enamoré locamente de ella. Era tan delicioso que terminé por perdonarle que me cayera mal, sin razón alguna,  desde el primer momento en que la vi. O quizá sí la hubiera. Era rubia y de ojos grises, tenía la estatura perfecta para bailar conmigo "I´m through with love", y además lo suficientemente inteligente para rechazarme con su indiferencia. Si estábamos en clase de Microeconomía y abría su pequeño bolso de piel marrón, el olor de su perfume hacía que el modelo IS-LM tuviera sentido, y si me prestaba un boligrafo pilot azul durante una sesión de Economía de Empresa, la programación lineal semejaba rimar como un poema escrito por Luis Alberto de Cuenca. No sé que pócima de encantamiento era aquella que usaba, que nombre tenía aquella dulce medicina de amor que me administró. Sólo sé que aun hoy. cuando ya no sé a que huelen mis recuerdos,  sigo buscando ese perfume ilusamente. Aún tengo la esperanza de encontrarlo en alguna mujer que no seas tú y preguntarle qué clase de persona sale de la vida de otra sin despedirse y la deja atada a algo tan volátil como un perfume.
Fotografía del film "La gran belleza" (Paolo Sorrentino, 2013). Véase aquí.

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