Me dijiste “cómeme” y te devoré con la
misma ansia que el Lobo Feroz a Caperucita. Yo te comí a poquitos, un trocito
cada día, para saborearte mejor. Te hubiera comido de pies a cabeza de haber
podido. Hasta que un día me di cuenta de que no tenías cabeza. Fue entonces
cuando perdí el apetito.
No hay comentarios:
Publicar un comentario