lunes, 3 de junio de 2019

El Lobo Feroz era escrupuloso.


Me dijiste “cómeme” y te devoré con la misma ansia que el Lobo Feroz a Caperucita. Yo te comí a poquitos, un trocito cada día, para saborearte mejor. Te hubiera comido de pies a cabeza de haber podido. Hasta que un día me di cuenta de que no tenías cabeza. Fue entonces cuando perdí el apetito.

No hay comentarios:

Publicar un comentario