Dices que no necesitas palacios, ni
joyas, ni coches de muchos caballos para estar junto a mí. Dices que mi alma es
tu morada, mi amor tu mayor tesoro, y el latido de mi corazón el único galopar
que quieres oír. Me lo dices al oído todas las noches, con voz de carmín y
aliento a limón. Juras que nadie te ha tratado como yo. Se lo dices a mis
padres, que no creen que los ojos verdes puedan ser traidores. Se lo dices a
los tuyos, que están seguros de que los acastañados son firmes y verdaderos. Y
se lo dices a tus amigas, mientras le prendeis fuego a nuestra relación usando
como mechero mi Visa. Dejemos que se consuma lo que quiera que haya entre
nosotros. Quizá de las cenizas surja algo nuevo.

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