lunes, 14 de mayo de 2012

¡Como hemos cambiado!

Laureano López Rodó (Barcelona, 1920 - Madrid, 2000) es uno de esos hombres imprescindibles para entender la historia contemporánea de España. Como buen conocedor que era de la  estructura del Estado (fue Catedrático de derecho Administrativo, primero en Santiago de Compostela y a partir de 1961 en Madrid) contribuyó de forma decisiva a la mordenización del país, y por ende a que la transición a la Democracia discurriera por cauces pacíficos, gracias al impulso que a España dieron sus Planes de Desarrollo.
Cuentan que, ya mayor, López Rodó se encontraba desayunando un domingo cuando la camarera que le servía le oyó decir: “Soy imbécil, rematadamente imbécil”. “¿Cómo puede decir ud. eso don Laureano?”, terció alarmada su accidental interlocutora. “Creo que soy un hombre de aceptablemente culto”, respondió él. “He sido ministro, y he ocupado otros cargos de responsabilidad que exigen una formación más que notable”, prosiguió, “Pero no soy capaz de entender este titular del periódico. Sí lo entiendo palabra por palabra, pero no en su conjunto”. Curiosa, la camarera se acerco a él y pudo ver como el diario "Ya" encabezaba así la noticia en cuestión: “Los Colchoneros logran un valioso positivo en el campo de Los Pajaritos”.
López Rodó era capaz de entender el intríngulis del Estado, pero no conseguía descifrar el arcano que se escondía tras un simple titular deportivo. Ni falta que le hacía. El país seguiría siendo el mismo aunque el Atlético de Bilbao ese fin de semana hubiera perdido ante el Numancia. Sin embargo, muy diferente hubiera sido España si en 1959 no se iniciara el Plan de Estabilización, y si a éste no lo siguieran tres Planes de Desarrollo más.
Hoy la política se ha banalizado. Estamos ya acostumbrados a que nuestros ministros, consejeros y demás servidores públicos, tras prometer su cargo vestidos como dependientes de El Corte Inglés, se dediquen a administrar su parcela de Estado encomendándose sólo a su mejor saber y entender, que normalmente no es mucho ni muy brillante. La solvencia intelectual ha sido substituida por la lealtad inquebrantable a unas siglas políticas, y la honradez y la honestidad se han puesto en fuga ante los intereses personales y partidistas de unos pocos. Antes existía vocación de servicio, interés por solucionar los problemas que nos afectaban. Ahora, como decía Woody Allen, sucede lo contrario: “La vocación del político de carrera es hacer de cada solución un problema" Mientras tanto, nuestros políticos ya han aprendido quienes son Los Colchoneros.

Gabriel Cisneros, Manuel Fraga, Laureano López Rodó, José Pedro Pérez Llorca y Gregorio Peces Barba, en junio de 1978, durante una reunión de la comisión constitucional. Foto obtenida en la web  http://www.larioja.com/20070728/espana/fallece-gabriel-cisneros-padres-20070728.html