Mi cabeza me pide que te olvide, querida
mía. Hace años que acabó aquello que casi ni tiempo tuvo de comenzar, y pese a
todo aun hoy te sigo recordando. Aun cuando de ti ya solo recibo esa entusiasta
displicencia que las mujeres amadas le regaláis a quien os ama sin saber bien
por qué. A pesar de que ya no respondas a mis llamadas ni atiendas a mis
mensajes. Aunque hayas olvidado que fuimos refugio el uno para el otro durante
un instante que se nos antojó una vida. Si no te olvido, amada mía, es porque
mi alma le ruega a mi razón que olvide por un momento su cordura y crea que
todavía puedes recordarme. Al menos el tiempo suficiente para poder decirte
adiós.
No hay comentarios:
Publicar un comentario