Cuando sea viejo quemaré mis libros, uno
al día, dos si es invierno, para que me den el calor que tú me has negado.
Cuando sea viejo veré de nuevo mis películas favoritas, esas de Stanley Donen,
Billy Wilder y Woody Allen, para recordar las historias que deberíamos haber
vivido y que nunca han sucedido. Cuando sea viejo, digo, ¡cómo si no fuera
viejo ya!, me contemplarás desde lo alto de tu realidad y sonriendo (¿riendo?)
me dirás: “Pobre idiota. Con lo bonito que podía haber sido si tú hubieras
querido. Si hubieras sido valiente."

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