lunes, 19 de agosto de 2019

De cafés e indecisiones.


Aquel verano, todos los viernes por la noche, te veía en el mismo rincón de la cafetería. Siempre sola. Pedias un café con leche. Mediano. En vaso. Templado. Con sacarina. Escogías el capitoné del fondo y quedabas pendiente de tu móvil. Los acontecimientos se sucedían invariablemente así: te sobresaltaba un sms, sonreías al leerlo, te mordías el labio inferior con cara traviesa, y te lanzabas a responderlo con avidez. Otras veces, las menos, tu cara se tornaba severa y arrojabas enfadada el teléfono sobre la mesa de mármol. En esas ocasiones, tu disgusto duraba pocos segundos, un minuto si cabe, nunca más. Cogías entonces de nuevo el cachivache y respondías, siempre respondías, con decisión, como si al hacerlo quisieras levantar acta de algún hecho. Tus dedos volaban entonces, volaban como los de un pianista ante una obra de Bach. Y te marchabas. Siempre te marchabas al cabo de unos pocos minutos de charla cibernética. Sería. Distante. Mayestática. Seguro que ansiosa, estaba convencido yo de ello, por encontrarte con ese con quien te habías comunicado. Aun recuerdo, casi diez años después, tu elegancia, tu distinción, rasgos inusuales en una joven de poco más de veinte años. Y te recuerdo a ti, morena, siempre vestida de negro, y con el pelo recogido en una muy tersa coleta. No me atrevería a aventurar hoy el color de tus ojos, pero podría describir con detalle cuántas y cómo eran las cuentas del collar que todos los viernes colgaba de tu cuello. Yo te observaba desde una mesa cercana. Siempre la misma. Sin llamar la atención. Me gustabas. Ahora te lo puedo confesar. Te idealicé tanto que me enamoré platónicamente de ti. Nunca te lo dije. Nunca supe tu nombre. Y nunca te volví a ver. ¿Acaso corresponden los dioses en los mortales? Recordaba esta historia hace unos días con Manuel, el camarero de entonces, cuando me dijo: “Es curioso…aquella mujer se llamaba A., veraneaba aquí con sus padres. No venía sólo los viernes. Venía todos los días, y preguntaba siempre por Vs, no sé por qué, la verdad. Si se iba con prisa es porque sus padres no querían que estuviera sola en un pueblo desconocido. Por cierto, este año está de nuevo por aquí…y ha preguntado por Vs.

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